Las personas no siempre estamos abierta al aprendizaje, el contexto y nuestro equilibrio emocional nos condiciona en el progreso.
La emoción y la cognición van de la mano. Por ello, es imprescindible plantearse que hay que generar climas emocionales positivos que ofrezcan entornos seguros al alumnado y por ende mejoren el aprendizaje.
Desarrollar habilidades intrapersonales e interpersonales nos permite afrontar situaciones conflictivas con mayor éxito. Por ello, es esencial que se programen actividades que permitan potenciar la inteligencia emocional desde edades tempranas en la escuela.
«La práctica de la inteligencia emocional» este modelo consiste en cinco habilidades emocionales y sociales básicas, que son:
- Conciencia de sí mismo.
- Autorregulación.
- Motivación.
- Empatía.
- Habilidades sociales
Teniendo en cuenta estas categorías deberemos implementar actividades, dinámicas y ejercicios que permitan trabajar cada una de ellas. Trabajar el autoconcepto, la autoestima, aprender a reconocer nuestras propias emociones, desarrollar técnicas de autorregulación, empatía, responsabilidad social y la adaptabilidad serían aspectos imprescindibles.





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